Llull conduce al Real Madrid a la final de la Copa del Rey (86-80)

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Sergio Llull, en un partido del Real Madrid de baloncesto. (Getty)

El Real Madrid se impuso a Laboral Kutxa Baskonia en el encuentro de semifinales de la Copa del Rey 2016 por 86-80. Un partido disputado hasta el último minuto, donde emergió la figura de Sergio Llull, que anotó los seis últimos puntos del encuentro para acabar con la resistencia alavesa. El equipo blanco regresa a la final de Copa por tercer año consecutivo, en busca de su tercer título. 

Los dos ‘grandes’ que quedaban en competición se medían en un encuentro de semifinales con tintes de revancha desde el bando madridista, que había visto como Baskonia se imponía en los dos precedentes de la temporada, tanto en Liga Endesa como en Euroliga. Los primeros minutos dejaron a un Real Madrid más acertado en el tiro, concentrado y defendiendo su aro con solvencia gracias a Ayón y Reyes. La entrada de Nocioni desde el banco le dio el extra suficiente para combatir la reacción baskonista y mantenerse en lo alto del marcador (17-25) al final del primer periodo.

La reacción del conjunto vasco se hizo esperar pero terminó por llegar después de un inicio de segundo cuarto que mantenía la solidez blanca como tónica. La entrada de Causeur y Adams, muy desacertados en el inicio, supuso una revolución coincidente con el cortocircuito blanco. El resultado, un parcial de 16-2 para Baskonia y el ajustado liderato del marcador en el descanso.

Épica y sufrimiento para llegar a final de la Copa del Rey

Acierto exterior. El principal arma del Real Madrid había sido su condena en la primera parte. Solo un 30% de acierto desde el triple y sin puntos en las manos de sus bases y escoltas, el partido debía darse la vuelta desde ahí. Sergio Llull demostró que estaba preparado para hacerse con las riendas del encuentro y cinco puntos seguidos suyos pusieron las tablas en el marcador. Un escandaloso Hanga devolvía a Baskonia el liderato, pero quedaban diez minutos, y mucho, mucho partido.

Sergio Rodríguez estaba siendo una de las grandes decepciones de la Copa del Rey. Apagado en defensa y desacertado cara al aro, la imagen no era la de gran estrella europea, hasta el último cuarto de las semifinales. Con galones y calidad, comenzó a anotar por mero talento y a mostrar que el campeón había regresado al partido para no irse más. Dos triples inverosímiles de Bourousis daban esperanza a Baskonia, pero Sergio Llull cogió el testigo de su tocayo para, con su enésima actuación heroica, poner un lazo blanco al partido con un mensaje que se viene repitiendo los últimos tres años: el Real Madrid, clasificado para la final de la Copa del Rey. 

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